Liana se iba al bosque otra vez, sola. No le debería afectar a esas alturas, pero lo hacía. Para ella, la amistad era una droga y ella estaba enganchada.
Extendió el mantel, sacó su bocadillo y un buen libro. a su lado colocó su cuaderno de dibujo, por si acaso luego le apetecía dibujar. Solo durante un instante se sintió observada. Abrió el libro y comenzó a leer...
Un sonido la alarmó, era su móvil vibrando. Descolgó el movil:
-¿Si?-Era la voz de Flora, aunque se oía mal.-¿Flora? ¿Eres tu? No se te oye bien, creo que tienes poca cobertura. ¿O tal vez sea yo? Espera.-Liana se puso en pie y buscó algún sitio en el que ubiese más cobertura. ¿Me oyes ahora?
-Yo...ía...-Se le seguía oyendo mal.
-Eres tu la que tiene poca cobertura.
-Es...ra...-Liana indentificó aquello como ``espera´´.
-Manzana...-Dijo con voz relajada. Oyó un estruendo.-¡Dios mío! ¿¡Qué ha pasado!? ¡Flora! ¿¡Estás bien!?
-Sí. ¿Me oyes ahora?
-Si... ¿Que fue ese ruido?
-Nada importante. Tan solo una máquina expendedora la que unos chavales andaban haciendo el idiota y se calló.-Su voz se quebraba un poco.-En un cuarto de hora estaré allí. Al final volvemos antes de lo que pensaba. ¿Dónde estas?
-Recuerdas cuando nos conocimos a la parte del bosque que te llevé? Pues no tiene nada que ver. Estoy a la otra punta, literalmente.
-Mejor ven tu a mi casa.
-Está bien, pégame un toque cuando llegues.-Flora colgó el movil al mismo tiempo que Liana.
Liana se dirigía a casa de Flora. Tocó el timbre. La puerta fue abierta de inmediato por su padre.
-Hola...-Era como si intentase mirar a traves de ella.-Flora está arriba. En su habitacón.
-Gracias.-Liana subióa las escaleras y se encontró a Flora sentada encima de la cama mirando la puerta.-Hola. ¿Qué tal en Madrid?
-Bien Si.-Flora se puso de pie.-Siéntate por favor.-Liana pensaba que Flora estaba actuando un poco extraño. Aún así, le hizo caso.-Te he traído un regalo. Cierra los ojos.- Notó como Flora se alejaba de la estantería y se acercaba a ella.-Dame tu mano.
-Por lo general, tengo 2.
-Una cualquiera.-Le dio la mano izquierda. Notó que le ponía algo en la muñeca y abrió los ojos.Era una pulsera de lo que parecía ser plata en la que había un triángulo en el medio. Sin embargo, con una expresión seria, Flora, miraba la pulsera como si estuviese esperando qu ocurriese algo. Liana para cortar aquel ambiente finquió no darse cuenta con la alegría que sentia con aquella bella pulsera.-¡Una pulsera! ¡Qué bonita!
-De nada.-Dijo apartando la vista de la pulsera y sonriendole por primera vez en todo el día.
El resto de la tarde fuemás normal. Como no les apetecía salir másestuvieron charlando un rato y haciendo el idiota hasta que Liana se fue a casa. Flora fue quien la acompañó a la puerta. Cuando crróla puerta se giró dirigiéndose a su padre y pronunció:
-Nada. Simplemente plateada.
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