En una hora pongo amistad mágica.
Antes de empezar. Presenté esta historia a un concurso de mi instituto...Adivinad!!! Perdi...Me descalificaron por pasarme del límite. El máximo eran 3 hojas. Y yo cuando lo fui a entregar. Toda feliz me enteré el día anterior de que ese era el máximo. Y como no me daba tiempo a reescribirla con los exámenes lo entregué asi. Bueno, en realidad en pensaba que el máximo eran 4 y cuando vi que me estaba empezando a pasar allá sobre la 2ª hoja intenté hacerlo más pequeño y me comí cosas...muchas cosas. Pero aunque el máximo eran 3 hojas yo no me pase tanto. (``sarcasmo´´) Un poquitín nada más. (``sarcasmo´´) Hice 6 hojas y media. (``me pasé más del doble!!!´´) El tema era el mundo al revés o algo así, no se, no me acuerdo bien pero algo relacionado. Fue hace más de 3 meses...
Ya ni me acuerdo que cosas me dejé,pero...
Aquí lo tenéis.
EL ESPEJO
La abuela de Izan se mudaba por motivos de su enfermedad. Se lo había recomendado el médico. Se mudaba a un sitio en un pequeño pueblo. Cerca de las montañas, donde brotaba un pequeño bosque. Su familia estaba ayudando a hacer las maletas para la mudanza. Todos estaban caja arriba. Caja abajo. Escepto la abuela, que no podía ponerse de pie. Izan estaba en el salón guardando las cosas en una caja, cuando de improvisto apareció su madre:
-¡Izan!-Él se giró.-¡Vete a recoger las cosas del desván!
-Vale, acabo con esta caja y ya.
-¡No!-Interrumpió su abuela que aparecía con su bata azul sobre la silla de ruedas.-¡Yo iré a recoger las cosas al desvan!-Parecía asuustada.
-Pero mamá, con la silla de ruedas no puedes subir ahí. Deja que suba Izan.
-No, no, no. Que no suba el niño...
-Tengo 15 años. No soy un niño.-Aclaró con tono de queja.
-Pues que no suba el...chico.-Parecía más alertada de lo normal..-No hay nada ahí.
-Pero si acabas de decir que ibas a subir que no hay tu, ¿cómo que no hay nada.-Decía su madre curiosa.
Bueno, si hay, pero no me hace faltacoger nada. ¿Ni se os ocurra subir a coger nada del desván! ¿Entendido?-Su hija comenzó a darle la vuelta a la silla de ruedas.
-Está bien mamá, no cogeremos nada.-Su madre giró la cabeza y le susurró exagerando mucho los gestos con la boca para que la enten y sin onido a Izan, ``cógelo.´´ El asintió y su madre se alejó con su abuela.
La caja que Izan estaba casi llena, solo cogió una pequeña foto, enmarcada en un marco, que había encima de la estantería. En ella rebosaban sonrientes toda su familia: sus tíos, su prima, su abuela, él y 2 desconocidos.
Dos desconocidos.
Dos desconocido que estaban en todas las fotos, pero nadie parecía saber quienes eran. Uno tení el pelo gris y muchas arrugas. Ojos marrones,que le recordaban a su madre y esa manera de sonreir que le recordaban a su prima. Y el otro. Pelo marrón rizado y los ojos más azules que jamás podría encontrarse. Unos ojos que eran idénticos a...los suyos.
Metió la foto en la caja, iba a cerrar, pero no era capaz por culpa del marco. No le importó, la guardaría en la caja del desván. Al fin y al cabo, ¿a quien le iba a importar? Cogió una caja vacia del pasillo que estaba junto a las restantes y al fin subió al desván.
El desván.
Quince años que tenía y aún no había subido, aunque siempre le habría encantado. Siempre había querido subir. El lugar prohibido, por su abuela. Era apasionante subir aquellas escaleras. Era el último día que iba a estar en aqulla casa, no lo podía desaprovechar. Apenas había unos centímetros entre su mano y la puerta que llevaba al desván. Empujó la puerta con timidez y...se llevó una enorme decepción. Miles de veces había imaginado aquél lugar, miles de escenarios fantásticos, mágicos y un poco locos y ahora se encontraba allí, en aquél lugar polvoriento. Pero en fin, ¿qué esperaba de un desván? Eso sí. Cientos de objetos antiguos y uno en medio del desván tapado con una manta vieja, Izan lo destapó sin dudarlo. Era un espejo. No podía dejar de mirarlo, era precioso. (``añado descripción que aquí fue donde me empecé a dar cuenta del espacio. De esto, aunque sea insignficánte si me acuerdo.´´) Era como más o menos de la edad media, tal vez un poco antes, de oro, pero tenía dibujos de la edad media, tres diamantes en la parte superior el del medio y también el más grande era rojo, debía ser un rubí, la de la derecha era verde, debía ser una esmeralda y la de la izquierda era blanca, un diamante o una amatista tal vez. Ambas rodeadas por un trocito de alambre. Debajo de la parte en la que estaba el espejo, era de madera, de una madera como si se acabase de acar del árbol. Unas flores a cada esquina de plata y...¿eso que estaba al lado de una...era un microondas? ¡Qué raro...!
Al fin se puso manos a la obra. Guardó la foto en el bolsillo para meterla al final.
Llevaba unos minutos recogiendo cosas. Oyó un ruido detrás de él, miró al espejo para saber si había algo detrás de él, pero no había nada, solo e reflejaba él. Volvió al espejo, pues le había parecía haber visto algo, Se agachó sobre aquella madera que estaba debajo del espejo, había algo escrito, ponía, ``cuidado donde pisas.´´ Como si fuese un mensaje para él, se quedó mirando el mensaje un instantes, se rió y volvió guardar las cosas. Oyó otro ruido, y volvió a mirar al espejo, pero no veía nada.``¿Serán imaginaciones mías?´´ Se preguntaba. Sintió algo pesado sobre el hombro y una especie deuñas largas haciendo presión. Le dió miedo mirar hacia atrás, así que miró hacia el espejo. No veía nadada. Pero sentía aquello, tambíén cayó en la cuenta de que la camiseta estaba arrugada hacia arriba, como si algo tirase de ella. Y entonces sacó valor, miró atrás. Fue peor de lo creía, un horrible monstruo que parecía un cocodrilo, pero con la boca no tan exagerada y con una epecie de pinchos en lo brazos y en la espada. Corrió sin saber hacía dónde, tropezó, sin saber con qué, le dió la impresión de chocar contra algo, con algo duro y lugo cayó al suelo, pero era imposible.
Abrió los ojos. No había nada cerca de él, estaba tumbado en el suelo. Estaba tirado en el suelo. Se puso en pié. Se fijó en que había una barra de metal circular tal vez hubiese tropezado con eso, y de ahí haber derivado la alucinación.
-¡Imposible!-Dijo sorprendido. Dijo sorprendido. El desván lleno de objetos que había visto hace unos segundos ahora estaba completamente al revés, vacío, con escepción de 4 cosas, la lámpara que iluminaba el desván, la escalera que llevaba al piso de abajo, lafoto que se le debía de haber caído del bolsillo y el espejo. Había algo extraño. Se estaba mirando en l espejo, pero era como si no se estuviese reflejando bien, un poco translúcido y movió la mano izquierda para pellizcarse y el reflejo hizo lo mismo, movió su mano izquierda. (``En vez de la derecha que es lo que suele pasar...bueno suele...siempre. Bueno a mi una vezme pasó...ya os contaré...´´) Y no solo eso, La sala vacía se reflejaba en el espejo con todos los objetos que había visto antes, más la foto. No se despertó y eso le extañó mucho. Bajó las escaleras que estaban al lado que no debía ser para preguntarle a su madre que pasaba.
-¡Mamá!-Nadie contestó.-¿Mamá?
-¿Quién eres tu?- Apareció una chicaca de rizado palo como el oro y los ojos más azules que puedas ver con un brillo como la luna en una noche de luna llena. Con aquella piel ni demasiado clara, ni demasiado morena. Debía tener más o menos su edad y una sonrisa que le recordaba a su prima.
-No. ¿Quién eres tu? ¿Qué haces en la casa de mi abuela?
-Soy Tania. Vivo aquí.¿Quién eres tu?
-Imposible. Aquí vive mi abuela. Y solo ella, nadie más.
-Ven conmigo. Debes de haberte caído. Por cierto...no me has respondido...eres...
-Izan.¿a donde vamos?
-A la cocina, Y sé lo que vas a decir. Y no. No es por alli. Tu sígueme-Hubo algo, en su forma de expresarlo, en la forma de mirar que hizo que confiase en ella. Y tenía razón. En la cocina estaban los que parecían ser sus padres. Su padre le resultaba extrañamente familiar . Sacó la foto del bolsillo. No lo podía creer. Aquel hombre era el mismo de la foto. Tania se acercó para ver que estaba haciendo, vió la foto y los 2 se quedaron mirándole.
-¿Qué sucede?-Preguntó.
-Papá, al igual que todos los que se han caído has ido olvidando todo.-Le enseñó la foto.- Eres su padre.
-¡Qué!-Exclamaron los 2 al unisono mientras la madre de Tania se quedó inmóvil sin saber como reaccionar.-¿Qué está pasando?-Preguntó Izan.-E Izan y Tania subieron al desván para que le explicase todo.
-Verás, este es un mundo igual al tuyo, con una diferencia. Este está al revés. No solo eso, Este espjo no es un espejo. Es la forma de la nada. La forma de la nada que siempre tendrá. Es así como una puerta y tu la atravesaste, por eso estás aquí. La cosa que te empujó, al igual que en todas las puertas importantes, era un guardián. Pero procede de el mundo al revés, así que hace lo contrario. En vez de intentar que la gente no atraviese la puerta, intenta que lo haga. Pero claro, a tí no te empujó. Te tropezaste con una barra de metal, tu no la viste, no siempre, pero sí, aparece y desaparece a su gusto, aunque yo creo que lo usa para hacer tropezar a la gente, como hizo contigo. Una vez pasado el espejo, todos te olvidan instantaneamente.-Izan volvió a sacar la foto del bolsillo, sacó la foto del marco y la contempló.-Pero tampoco puedes atravesar el espejo y aunque se pudiese, cada 10 años debe entrar alguien para que la gente de aquí no muera, al contrario que all´puedes atravesar el espejo sin problema. Y aunque se pueda atravesar el espejo, la gente moriría, se comenzaría a borrar todo y a temblar y si el espejo se rompe, la gente no podría entrar, a si que...la gente no suele subir aquí por si acaso. También en tu mundo, en el espejo el tiempo pasa al revés, excepto cuando lo estás mirando que pasa en el orden en que ocurrió.-Izan se giró y luego miró al espejo.
-Pero allí hay muchas cosa y aquí no hay casi nada.
-¿No has entenido todavía que estamos en un mundo al revés? Fíjate en ese suelo. Está la foto. Cada persona que cae en el espejo deja algo.
-¡Espera un momento!¡Estoy entrando! Tengo que impedirlo. Tengo que impedir caer por el espejo.
-Izan...-Cogió un boli que llevaba encima, y escribió encima y escribió detrás ``Cuidado donde pisas´´ y lo puso rápidamente en el borde de abajo del espejo -Se va a caer hace 5 minutos hagas lo que hagas y eso no lo va a poder leer.
-Ahora que lo pienso, eso lo leí antes de caer. Tal vez si haya una manera de salir de aquí Menos por menos es más.
-¿De que hablas?
-Vamos a salir de aquí. Por cierto...¿como sabes todo eso?
-¿No es obvio? ¿Qué necesitas?-Izan no lo entendió, pero no le importó.
-Reúne a todo el mundo aquí, no deben ser muchos.¿Unas 50 personas?-Tania asintió.- También necesito un martillo o algo pesado.
-¿Para qué?
-Ya lo verás.
Todos miraban a Izan con una mezcla de alegría y curiosidad.
-Vereis. Menos por menos son más. Solo se puede atravesar el espejo desde allí y puede romperse. Pues cuando de la señal corred hacia el espejo.
-¿Qué señal?-Pregunto una mujer.
-Lo vais a notar.-Izan cogió el martillo y lo tiró contra el espejo. Todos corrieron en masacre, todo empezó a templar.-¡Funciona!-Exclamó. Todos pasaban rápidamente e Izan y Tania esperaban a que pasasen todos. Los objetos que estaban en el desván de la casa de su abuela estaban desapareciendo y apareciendo en el otro. Solo quedaban ellos 2. Pero se dieron cuenta de que el desván de casa de Tania estaba comenzando a borrarse. Saltaron agarrados hacia la madera del espejo roto. Izan llegó primero al otro lado, se habían soltado la mano mientras lo atravesaban. Se sentó a esperarla en aquel desván vacío a excepción del espejo. No debía de tardar mucho. Pasaban los minutos. Tania no salí. Izan se impacientaba. ¿Donde estaba? Se puso a pensar. Ella había dicho. ``¿No es obvio?´´ ¿A que se refería? Y entonces calló en la cuenta. Tenía los ojos azules, como su padre, como él, el pelo rizo, como su padre. la misma nariz, como su padre, la sorisa esa, como su prima...Ella era su hermanastra, en un mundo al revés. Pero en esta ralidad, ella no existía. Menos por menos son más. Ella jamás lo cruzaría.
Tal vez pasó media hora esperándola. Se había hecho amiga suya. La echaba de menos. Se rindió. Salió de allimtodo lo contrario de como había entrado. Desilusionado. Se dirigió a la cocina a explicar la tardanza. Aunque mentiría. Se encontró a su padre leyendo el periódico y le guiño el ojo, se acordaba de todo al igual que él. Luego se le posó la mirada sobre su madre. Estaba dando el biberon a un bebé:
-¡Ah! Izan.-Decía.-¿Ya has terminado?-Él asintió debilmente.-Val e, pues vamos. Le estaba dando el biberon a tu hermana Tania. Pero parece que no quiere más.-Ya están todas las habitaciones. Vámonos ya de aquí.
Sus recucuerdos estaban cambiando. Aunque no olvidaba aquél mundo al revés. Ya estaba listo pa marchar de allí. La casa iba a ser demolida. Nadie más podría cruzar el espejo. Todos estaban a salvo.
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