El calor de agosto era insoportable. Pensaba Sofía mientras volvía a casa después de pasar una agradable y refrescante tarde en la piscina pública de Santa Lucía.
Notaba cómo el cabello húmedo se iba secando rápidamente al aire libre gracias al Sol.
Cruzó la carretera. Se dirigía a casa. Ese día debía irse a dormir pronto, al día siguiente era la boda de su prima. Estaba un poco emocionada. Además, se había comprado un vestido morado precioso... Hacía mucho tiempo que no se ponía otra cosa que no fuesen pantalones, así que...
Abrió la puerta de su portal y sintiendo como la mochila rosa con la toalla húmeda rebotaba contra su cuerpo, subía las escaleras.
Ya estaba en su piso, justo delante de la puerta. Iba a abrir cuando notó una fuerte mirada. Giró noventa grados. Ahí estaba él.
Darío...
Lo había visto varias veces a lo largo de esos 2 años. Sin embargo, no le había vuelto a dirigir la palabra en todo ese tiempo. Tal vez nunca lo hiciera jamás. Probablemente ella se mereciese todo aquel silencio.
Mantuvieron la mirada durante más de un minuto hasta que él decidió romperla siguiendo su camino. Ojalá algún día la perdone. No fue justo para él tener que aguantarla quejándose de que el chico que le gustaba, gay, no la quería sabiendo que él sabía que ella sabía que él que la quería, que la consolase y que siempre había espacio para ella en su casa cuando pasaba malos ratos, que fuese caprichosa y mentirosa con él todo el tiempo, y un largo etc. Claro, que de la mayoría de las cosas ella no había tenido la culpa si no... Su destino. Era una mierda, pero quería volver a contemplar una vez más el rostro luminoso de Bico, la diosa de la luz que le había contado todo. Su destino... Derrotar al dios oscuro, Yoksa. Pero ella había renegado de su destino. No podía volver a Bico sino tocaba el silvato de plata. El cual, muy inteligente ella, había tirado por la ventana y no había logrado encontrar. Lo que más le asusta es que Bico le había dicho que si renegaba de ellos, iba a morir. Así que debía encontrar el silvato de plata antes de que fuese demasiado tarde.
Abrió la puerta. Su madre no estaba por que estaba trabajando en la tienda. Entró a su habitación. Contempló el armario, los libros invisibles a ojos del resto de personas escondidos en él, y en el que solía dormir Bico, ¿oiría alguna vez una voz provenir de él?
Despacio, se puso los cascos mientras estaba apoyada en la puerta, y descendió sin apartar la mirada. Gracias Maldita Nerea por soportarme cuando nadie más lo hace y por sacarme las preoucupaciones de mi cabeza cuando nadie más lo hace.
Notaba cómo el cabello húmedo se iba secando rápidamente al aire libre gracias al Sol.
Cruzó la carretera. Se dirigía a casa. Ese día debía irse a dormir pronto, al día siguiente era la boda de su prima. Estaba un poco emocionada. Además, se había comprado un vestido morado precioso... Hacía mucho tiempo que no se ponía otra cosa que no fuesen pantalones, así que...
Abrió la puerta de su portal y sintiendo como la mochila rosa con la toalla húmeda rebotaba contra su cuerpo, subía las escaleras.
Ya estaba en su piso, justo delante de la puerta. Iba a abrir cuando notó una fuerte mirada. Giró noventa grados. Ahí estaba él.
Darío...
Lo había visto varias veces a lo largo de esos 2 años. Sin embargo, no le había vuelto a dirigir la palabra en todo ese tiempo. Tal vez nunca lo hiciera jamás. Probablemente ella se mereciese todo aquel silencio.
Mantuvieron la mirada durante más de un minuto hasta que él decidió romperla siguiendo su camino. Ojalá algún día la perdone. No fue justo para él tener que aguantarla quejándose de que el chico que le gustaba, gay, no la quería sabiendo que él sabía que ella sabía que él que la quería, que la consolase y que siempre había espacio para ella en su casa cuando pasaba malos ratos, que fuese caprichosa y mentirosa con él todo el tiempo, y un largo etc. Claro, que de la mayoría de las cosas ella no había tenido la culpa si no... Su destino. Era una mierda, pero quería volver a contemplar una vez más el rostro luminoso de Bico, la diosa de la luz que le había contado todo. Su destino... Derrotar al dios oscuro, Yoksa. Pero ella había renegado de su destino. No podía volver a Bico sino tocaba el silvato de plata. El cual, muy inteligente ella, había tirado por la ventana y no había logrado encontrar. Lo que más le asusta es que Bico le había dicho que si renegaba de ellos, iba a morir. Así que debía encontrar el silvato de plata antes de que fuese demasiado tarde.
Abrió la puerta. Su madre no estaba por que estaba trabajando en la tienda. Entró a su habitación. Contempló el armario, los libros invisibles a ojos del resto de personas escondidos en él, y en el que solía dormir Bico, ¿oiría alguna vez una voz provenir de él?
Despacio, se puso los cascos mientras estaba apoyada en la puerta, y descendió sin apartar la mirada. Gracias Maldita Nerea por soportarme cuando nadie más lo hace y por sacarme las preoucupaciones de mi cabeza cuando nadie más lo hace.
Marcos caminaba por la calle. No le apetecía ir a casa. Tan sólo estar sólo un rato. Su casa, desde que su hermano había vuelto del erasmus, sólo podía escuchar el ruido que él consideraba como música. Además, su cuarto era un campo de minas. Un campo de minas de ropa sucia. Podría recogerla de vez en cuando, no se, cuando él no estaba en casa, podía dar más de tres pasos sin encontrarse ropa tirada por el suelo. Y claro, ahora, había ropa y comida por toda su habitación. Y él se cabrearía, su hermano soltaría algún chiste sin gracia, él se cabrearía aún más, su hermano para cabrearlo aún más se tiraría algo al suelo, él explotaría y empezaría a gritarle, su hermano también, Rayo, su perro empezaría a ladrar, su padre les empezaría a gritar para que se callasen, su madre intervendría también, llegaría el vecino que empezaría a chillarles por que no le dejaban dormir...
No... Mejor que se quedase un rato tranquilo y relajado. Se puso los cascos y Metálica empezó a sonar.
No iba a ninguna parte, caminaba sin rumbo. Hacía tiempo que no hacía eso. Un par de meses. Durante el curso lo hacía casi todas las semanas gracias al estrés del curso. En verano no, sus amigos se encargaban de que no estuviese tan preocupado, solo Elena lo fastidiaba todo.
Había estado enamorado de ella casi desde que la conoció. Siempre que la veía se ponía nervioso pero ahora aún más. Elena había estado saliendo con él, pero ella había perdido la memoria. ¡Guay! ¡Le gusto! Si, pero desde que la había perdido, no le dirigía la palabra y cuando lo hacía, era muy borde con él.
Marcos se paró en seco. Había sentido una presencia detrás de él todo el tiempo. Le seguía alguien. Es rematadamente díficil para él leerle la mente a alguien si no lo estás viendo. Pero aún así cerró sus ojos para concentrarse mejor.
Oyó el ronroneo de unos pensamientos, sin embargo no era capaz de saber quien era, como siempre.
Se giró.
No... Mejor que se quedase un rato tranquilo y relajado. Se puso los cascos y Metálica empezó a sonar.
No iba a ninguna parte, caminaba sin rumbo. Hacía tiempo que no hacía eso. Un par de meses. Durante el curso lo hacía casi todas las semanas gracias al estrés del curso. En verano no, sus amigos se encargaban de que no estuviese tan preocupado, solo Elena lo fastidiaba todo.
Había estado enamorado de ella casi desde que la conoció. Siempre que la veía se ponía nervioso pero ahora aún más. Elena había estado saliendo con él, pero ella había perdido la memoria. ¡Guay! ¡Le gusto! Si, pero desde que la había perdido, no le dirigía la palabra y cuando lo hacía, era muy borde con él.
Marcos se paró en seco. Había sentido una presencia detrás de él todo el tiempo. Le seguía alguien. Es rematadamente díficil para él leerle la mente a alguien si no lo estás viendo. Pero aún así cerró sus ojos para concentrarse mejor.
Oyó el ronroneo de unos pensamientos, sin embargo no era capaz de saber quien era, como siempre.
Se giró.
Sofía había terminado de cenar con su madre. En ese momento, estaba dibujando. Dibujar era algo que siempre se le había dado bien, aunque era incapaz de dibujar a ese maldito personaje de cejas de remolino. ¡Maldito pirata cocinero y su cara extraña!
Le pasaba exactamente lo mismo con su novio de pelo verde, su problema era que no sabía dibujar hombres hipermusculosos y caras serias. Y las katanas no ayudaban. Además, lo estaba dibujando de cabeza y no con un dibujo al lado, lo cual, dificultaba mucho las cosas.
De improvisto entró su madre.
-Yo me voy a dormir ya, ¿vale? Tú procura no ir demasiado tarde a la cama-Salió al pasillo y desde allí continuó.-¡Y no hagas ruido!
-¡Vale!
Sólo quería que le quedase bien el maldito hemorragias. No era tanto pedir.
La luz de su escritorio parpadeó. Ya estamos otra vez.
Desde hacía 2 años casi todos sus poderes habían desaparecido. Tal vez era a eso a lo que se refería Bico. Que no tendría con qué defenderse. Sólo le quedaban el poder de leer la mente, mover objetos con la mente y controlar la luz, aunque este se descontrolaba continuamente y todos los objetos electrónicos que estaban cerca parpadeaban cuando se enfadaba o se ponía nerviosa, y, a veces, cuando había tenido una pesadilla, deseaba tanto que hubiese luz y sin embargo tenía tanto miedo que le daba miedo moverse de la posición en la que estaba que, con que sólo se le pasase eso por la cabeza ya aparecía una bola de luz de su propia creación.Ya ni siquiera tenía que usar las palabras mágicas.
Suspiró. Debería acostumbrarse, Yoksa podría atacar en cualquier momento. Era sólo cuestión de tiempo.
Miró la hora que era: las once y media. De no ser por que mañana era la boda de su prima no se iría tan pronto a dormir. En fin. Lo siento fumador, cocinero, pirata y hombre que no nació para ser amigo de las mujeres, si no para amarlas, ya quedaremos tus cejas y yo otro día.
Le pasaba exactamente lo mismo con su novio de pelo verde, su problema era que no sabía dibujar hombres hipermusculosos y caras serias. Y las katanas no ayudaban. Además, lo estaba dibujando de cabeza y no con un dibujo al lado, lo cual, dificultaba mucho las cosas.
De improvisto entró su madre.
-Yo me voy a dormir ya, ¿vale? Tú procura no ir demasiado tarde a la cama-Salió al pasillo y desde allí continuó.-¡Y no hagas ruido!
-¡Vale!
Sólo quería que le quedase bien el maldito hemorragias. No era tanto pedir.
La luz de su escritorio parpadeó. Ya estamos otra vez.
Desde hacía 2 años casi todos sus poderes habían desaparecido. Tal vez era a eso a lo que se refería Bico. Que no tendría con qué defenderse. Sólo le quedaban el poder de leer la mente, mover objetos con la mente y controlar la luz, aunque este se descontrolaba continuamente y todos los objetos electrónicos que estaban cerca parpadeaban cuando se enfadaba o se ponía nerviosa, y, a veces, cuando había tenido una pesadilla, deseaba tanto que hubiese luz y sin embargo tenía tanto miedo que le daba miedo moverse de la posición en la que estaba que, con que sólo se le pasase eso por la cabeza ya aparecía una bola de luz de su propia creación.Ya ni siquiera tenía que usar las palabras mágicas.
Suspiró. Debería acostumbrarse, Yoksa podría atacar en cualquier momento. Era sólo cuestión de tiempo.
Miró la hora que era: las once y media. De no ser por que mañana era la boda de su prima no se iría tan pronto a dormir. En fin. Lo siento fumador, cocinero, pirata y hombre que no nació para ser amigo de las mujeres, si no para amarlas, ya quedaremos tus cejas y yo otro día.
Se levantó y se metió en la cama pensando que acababa de pensar la cosa menos ingeniosade la humanidad.
-¿Te he asustado?-Marcos se quitó los cascos.
-No exactamente. -Respondió Marcos sin dejar de ocultar su sorpresa.-Llevaba sintiendo el mismo murmullo de pensamientos todo el camino. Sólo estoy sorprendido.-Marcos contempló la ropa de chico con capucha sobre el pelo castaño y tapándole un poco rostro de chica.-¿Qué haces aquí?
-No sabía dónde estabas, tardabas en venir, salí a buscarte.-Marcos miró la hora: las 10. Si que había pasado el tiempo volando. Desde las 8 y media hasta ahora...-Tienes que dejar de hacer eso. Es peligroso.
-Es lo que me recuerda que algo vivo.
-Algún día de estos no vas a poder con algo. No volverás a casa, todo el mundo creerá que has desaparecido, tus pades se preocuparán, nadie encontrará tu cuerpo jamás...
-Pero si no hago esto... ¿Qué hago? ¿Para qué he nacido?
-Con las notas que sacas. Usando los métodos que usas o no usándolos, podrías dedicarte a lo que quieras. Aprovéchalo.
-Pero no seré feliz.
Ambos se quedaron un minuto en silencio.
-Te veo luego. Me voy a casa.
-Te acompaño. Yo también me voy.
Caminaron en silencio durante un buen rato. Cualquier persona con la que se cruzasen por la calle podría sentir que había habido una discusión entre los dos. Todo a causa del ambiente de tensión, aunque ya se fuese relajando.
-Sé que sólo lo dices por que estás preocupada por mí. Pero tendré cuidado. De todas formas, hoy sólo estaba paseando. No hacía otra cosa.
-Lo sé.-Asintió ella.-Te estaba siguiendo. Por cierto, gracias por la ropa.-Marcos rió. De pequeño siempre había querido un hermano pequeño, ahora tenía algo muy parecido. Era curioso.
-Puedes coger mi ropa prestada de hombre para tapar tu cuerpo de mujer siempre que quieras.-Decía entre risas.
-Creo que llamaré demasiado la atención. Debería comprarme algo de ropa... No tengo dinero.
-Te lo dejo yo si quieres. A mi no me importa.
-¡En serio!-Realmente estaba sorprendida. Como si nadie hubisese hecho algo como eso por ella jamás.-No hace falta. De todas formas... No es que me vaya a ver mucha gente... Y creo que esta ropa me queda bien. ¿Verdad que si?
-Curioso.-Le echaba un vistazo fijándose más.-Si te recogieses el pelo podrías pasar por chico. Tampoco es que tengas muchas...-Guardó silencio antes de que ella pensase que era un pervertido por mirar donde no debía.
-Recuerda que tengo 12 años. Pues claro que no tengo tetas.
-No hab...
-So pervertido.
Llegaron por fin a su casa. Ella se desvaneció y Marcos subió las escaleras.
-Hola.-Anunció entrando en la enorme cocina.
-Llegas muy tarde, hijo. ¿Qué te ha pasado?-Marcos abrió el frigorífico y sacó dos piezas de fruta y un yogurt -Nos entretuvimos, lo siento.-Sacó una pequeña cuchara.-¿Sale hoy Ivan de fiesta?-Como todos los días, quiso añadir.
No era que le molestase que su hermano saliese noche tras noche, en realidad le venía bien, pero un año en el que su hermano había pasado en el extranjero, y ahora que había vuelto, ni pasaba una sola noche en casa, dormía hasta las tres del mediodía, por la tarde era Marcos quien salía y cuando volvía..
-Ya ha salido.-O le veía una hora y media, de la cual media hora se la pasaban discutiendo.-¿Sólo cenas eso?
-No tengo mucha hambre. ¿Me lo puedo llevar a mi habitación?-Señaló la comida.
-Mientras no ensucies nada...
-Vale, gracias papá.
Entró a su habitación y le tiró una de las piezas de fruta y le dio el yogurt con la cuchara. Marcos le pegó un mordisco a la manzana y se sentó a su lado.
-Gracias.
-De nada.
-Te he dejado la ropa doblada en tu armario.-Fue el momento en el que se fijó en que llevaba su típico vestido azul de principios del siglo XVIII.
-Gracias, Bico.
-No exactamente. -Respondió Marcos sin dejar de ocultar su sorpresa.-Llevaba sintiendo el mismo murmullo de pensamientos todo el camino. Sólo estoy sorprendido.-Marcos contempló la ropa de chico con capucha sobre el pelo castaño y tapándole un poco rostro de chica.-¿Qué haces aquí?
-No sabía dónde estabas, tardabas en venir, salí a buscarte.-Marcos miró la hora: las 10. Si que había pasado el tiempo volando. Desde las 8 y media hasta ahora...-Tienes que dejar de hacer eso. Es peligroso.
-Es lo que me recuerda que algo vivo.
-Algún día de estos no vas a poder con algo. No volverás a casa, todo el mundo creerá que has desaparecido, tus pades se preocuparán, nadie encontrará tu cuerpo jamás...
-Pero si no hago esto... ¿Qué hago? ¿Para qué he nacido?
-Con las notas que sacas. Usando los métodos que usas o no usándolos, podrías dedicarte a lo que quieras. Aprovéchalo.
-Pero no seré feliz.
Ambos se quedaron un minuto en silencio.
-Te veo luego. Me voy a casa.
-Te acompaño. Yo también me voy.
Caminaron en silencio durante un buen rato. Cualquier persona con la que se cruzasen por la calle podría sentir que había habido una discusión entre los dos. Todo a causa del ambiente de tensión, aunque ya se fuese relajando.
-Sé que sólo lo dices por que estás preocupada por mí. Pero tendré cuidado. De todas formas, hoy sólo estaba paseando. No hacía otra cosa.
-Lo sé.-Asintió ella.-Te estaba siguiendo. Por cierto, gracias por la ropa.-Marcos rió. De pequeño siempre había querido un hermano pequeño, ahora tenía algo muy parecido. Era curioso.
-Puedes coger mi ropa prestada de hombre para tapar tu cuerpo de mujer siempre que quieras.-Decía entre risas.
-Creo que llamaré demasiado la atención. Debería comprarme algo de ropa... No tengo dinero.
-Te lo dejo yo si quieres. A mi no me importa.
-¡En serio!-Realmente estaba sorprendida. Como si nadie hubisese hecho algo como eso por ella jamás.-No hace falta. De todas formas... No es que me vaya a ver mucha gente... Y creo que esta ropa me queda bien. ¿Verdad que si?
-Curioso.-Le echaba un vistazo fijándose más.-Si te recogieses el pelo podrías pasar por chico. Tampoco es que tengas muchas...-Guardó silencio antes de que ella pensase que era un pervertido por mirar donde no debía.
-Recuerda que tengo 12 años. Pues claro que no tengo tetas.
-No hab...
-So pervertido.
Llegaron por fin a su casa. Ella se desvaneció y Marcos subió las escaleras.
-Hola.-Anunció entrando en la enorme cocina.
-Llegas muy tarde, hijo. ¿Qué te ha pasado?-Marcos abrió el frigorífico y sacó dos piezas de fruta y un yogurt -Nos entretuvimos, lo siento.-Sacó una pequeña cuchara.-¿Sale hoy Ivan de fiesta?-Como todos los días, quiso añadir.
No era que le molestase que su hermano saliese noche tras noche, en realidad le venía bien, pero un año en el que su hermano había pasado en el extranjero, y ahora que había vuelto, ni pasaba una sola noche en casa, dormía hasta las tres del mediodía, por la tarde era Marcos quien salía y cuando volvía..
-Ya ha salido.-O le veía una hora y media, de la cual media hora se la pasaban discutiendo.-¿Sólo cenas eso?
-No tengo mucha hambre. ¿Me lo puedo llevar a mi habitación?-Señaló la comida.
-Mientras no ensucies nada...
-Vale, gracias papá.
Entró a su habitación y le tiró una de las piezas de fruta y le dio el yogurt con la cuchara. Marcos le pegó un mordisco a la manzana y se sentó a su lado.
-Gracias.
-De nada.
-Te he dejado la ropa doblada en tu armario.-Fue el momento en el que se fijó en que llevaba su típico vestido azul de principios del siglo XVIII.
-Gracias, Bico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario