25 de agosto de 2014

Pocos minutos para la oscuridad, capitulo 31, Amistad mágica

Digamos que todo se va a resolver en esta noche:

Liana no dejaba de mirar a su alrededor. La oscuridad crecía y crecía. Pronto llegarían las sombras.
-Dime Liana. ¿Como rompiste la puerta irrompible de mi casa?
-Tambien rompió la de la mia.
-¿Tienes la mania de romper puertas ajenas?
-¡Eh! ¡La de casa de Flora no fui yo! ¡Fueron las sombras!
-Excusas, excusas...
-¿¡Qué!? Oye que si no fuese por mi estarías en en limbo.
-Ya es... prácticamente de noche...-Susurró Flora. Y Liana supo por los gestos de Escorpión y Flora, una rápida mirada alrededor, que sentían tanto miedo como ella.
Le gustaría quedarse allí, no adentrarse mas en el bosque ni en el nido de las sombras. Estar a salvo, charlar. Pero no debía. Debía seguir. Jamas detenerse.
-Sigamos recto entonces.-Se hizo la valiente. Además, no tenía nada que temer, tenía la espda con ella. Y ya había adivinado de quien era el alma enterrada en la espada: de Lancelot, el caballero más valiente de la mesa redonda. Por algo de había visto Merlin, No podía fallar en eso. Lancelot... el caballero que murió por amor y esta... es su espada.
La empuñó con todas sus fuerzas. Jamás la soltaría.

Y al fin se hizo de noche. No había ningún ruido excepto el de sus pisadas. El mismo silencio que hay justo dlante de una batalla. La respira ción, más alta que nunca y la de cualquier soldado se podía detener en cualquier momento. Y los enemigos tan invisibles y tan cercanos. Y al mismo tiempo... tan lejanos. La aceleración del corazón era otro de los factores que enmarcaban ese silencio. Y a todos les parecía que el otro podía oirlo.
-¡Parad!-Ordenó Escorpión.
-¿Qué pasa Escorp..?
-¡Calla!-Flora se calló de inmediato pero Liana pudo notar que le había sentado mal.-Escuchad.
No había ningún ruido. Es más todo lo contrario. Estaba demasiado tranquilo.
-¿Qué hacemos?-Preguntó Flora.
Liana miro a su alrededor. Veía oscuridad. No veia arboles. No había nada. Solo oscuridad. Era lo que le asustaba, por que esa oscuridad no era oscuridad. Eran sombras.
-Si corremos se darán cuenta de que las hemos visto y vendran. Si nos quedamos quietos también y si seguimos andando... el resultado no cambiara por que nos tienen rodeados.
-Lo que me preocupa no es eso, Escorpión. Lo que me preocupa es...¿Por que no nos han atacado todavia.
¿Por que me tienes a mi? La voz vibrante como el metal de la espada resono en su cabeza. Corred, llegareis antes.
-Corramos.

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